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  • penamorado.psico

¿Es útil preocuparse?, ¿nos hace ser mejores personas?

Normalmente cuando en nuestras conversaciones cotidianas hablamos de que tenemos ansiedad o conocemos a alguien que la padece, solemos estar refiriéndonos a diferentes trastornos de ansiedad. La ansiedad puede aparecer de muchas y diferentes maneras, darse en contextos variados y ante estímulos distintos.


Es por ello por lo que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales DSM V, establece dentro de la categoría diagnóstica de los trastornos de Ansiedad problemáticas tan diversas como el trastorno de ansiedad de separación, el mutismo selectivo, las fobias específicas, el trastorno de pánico con o sin agorafobia, la fobia social, el trastorno de ansiedad inducido por sustancias/medicamentos o por una enfermedad médica, y el trastorno de ansiedad generalizada.


Las personas que sienten ansiedad se encuentran en una estado de alteración continuo de su sistema nervioso autónomo. Los síntomas son bastante variados pero los más frecuentes en consulta son la sensación constante de nerviosismo, los temblores, la tensión muscular, los mareos, las palpitaciones, los problemas de sueño o las molestias gástricas.




La ansiedad al igual que cualquier otra emoción, implica al menos tres sistemas de respuesta: cognitivo/subjetivo (miedo, alarma, preocupación, aprensión, obsesiones, pensamientos intrusivos), fisiológico/somático (incremento en la actividad del sistema nervioso autónomo) y motor/conductual (expresión facial, movimientos o posturas corporales, conductas de huida y evitación, y es sobre estos tres sistemas donde trabajamos en consulta adaptando los tratamientos a cada persona en particular.


En el caso del Trastorno de Ansiedad generalizada (TAG), la ansiedad no se limita a una situación en particular, este trastorno suele darse de manera bastante crónica y muchos de los pacientes que lo padecen, no son realmente conscientes de lo que condiciona su día a día, ya que su manera habitual de pensar condiciona y media en el mantenimiento de los síntomas.


¿Sueles preocuparte con múltiples aspectos de la vida de una manera excesiva y catastrofista?, ¿pensando en lo que puede ocurrir de manera constante y casi obsesiva?

Y… aunque en ocasiones lo intentas, ¿te resulta difícil dejar de preocuparte?


Es importante que sepas que preocuparse no es útil y además es un factor de mantenimiento de la ansiedad, que te orienta negativamente hacia los problemas y tus emociones, y no hacia la resolución de estos. Por esto las preocupaciones incrementan la inquietud que sientes y además minimiza tu intolerancia a la incertidumbre.


Preocuparse erróneamente de lo que pensamos y nos han enseñado, no nos prepara para lo que pueda pasar, ni nos motiva para hacer mejor las cosas, tampoco resuelve los problemas que tenemos, ni es (como muchos piensan) un rasgo positivo de personalidad.


Me gustaría para tratar de ayudarte con esto, poner a prueba tus preocupaciones.


Para ello necesito que hagas el siguiente ejercicio, hazte las siguientes preguntas y reflexiones sobre ellas, ya que hacerlo puede ayudarte a evaluar la utilidad de las preocupaciones y a ganar el control de estas.

Ahí van las preguntas: ¿resuelves los problemas cuando te preocupas o le das vueltas una y otra vez al problema en tu cabeza?, ¿conoces a alguien que haga bien su trabajo y que no esté todo el día preocupándose por este?, ¿crees que preocuparte por tus hijos es la única forma de mostrarles cariño o ser afectivo?


Si es así y te sientes identificad@ con estas preguntas, por favor ¡no te castigues!


Existen diferentes estrategias de afrontamiento y de regulación emocional que puedes aprender y practicar, y que son más saludables.


Autores como Carver et al. (1989) en sus investigaciones observaron que de las diferentes estrategias de afrontamiento fueron las estrategias más activas y resolutivas, las que implican una reinterpretación positiva de la situación y favorecen la resolución de los problemas.

Las estrategias que consiguen una disminución de la ansiedad, aumento en la satisfacción personal y una mejora en las relaciones son: la resolución activa de problemas, la regulación emocional y expresión emocional, el pensamiento positivo, la reestructuración cognitiva, la distracción controlada y la aceptación de los acontecimientos tal y como son.


Por otra parte, es importante que seamos conscientes de que fueron las estrategias más pasivas o que implican centrarse demasiado en las propias emociones con conductas de evitación, negación, ilusión, rumiación, inacción o escape, las que no favorecen la disminución de la ansiedad y el malestar.


La buena noticia es que existen muchas alternativas a nuestras habituales maneras de pensar y sentir que podemos aprender.



Si en este momento de tu vida se ha disparado la ansiedad, puedes comenzar a verla como una señal que te está pidiendo a gritos que te ocupes más y mejor de TI.

Es hora de comenzar a trabajar en tu salud mental.


Pd: ¿Qué tal va la práctica de los nuevos hábitos que comenzamos a practicar en el anterior post sobre la ansiedad?, no os olvidéis del secreto de las tres d´s!!

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